La conciencia del pueblo


Por: José Gregorio Vielma Mora

Tal vez esta reflexión no sea tomada en su justa dimensión. Los de siempre la interpretarán como despecho político ante la derrota electoral. Pero a ellos no dirijo este mensaje. Quiero enviar esta cavilación a los sectores de bajos recursos que, engañados por la derecha venezolana con sus estrategias viles, se esperanzaron con la idea del “cambio” propuesto por los sectores de la burguesía y depositaron en ellos su confianza electoral.

Esta revolución reconoce sus errores, como efectivamente lo ha venido haciendo nuestro presidente Nicolás Maduro, pero también debe defender sus innegables logros en materia social, nunca antes vistos en la historia de Venezuela, por más que la oposición se empeñe en negarlos, en materia de salud, educación, vivienda, infraestructura, para sólo mencionar los más importantes.

Una de las grandes debilidades que tenemos como sociedad, es nuestra corta memoria, nuestro olvido del pasado y el riesgo de ser engañados nuevamente por los que anteriormente prometieron progreso y desarrollo, pero generaron pobreza y destrucción social. Henry Ramos, Julio Borges y Henrique Capriles, para sólo citar algunos de los líderes del CAMBIO no pueden negar su relación y complicidad con el sistema político de finales del siglo pasado, que llevó a este país a uno de sus peores momentos en materia económica, social y política. Los que están ofreciendo un CAMBIO son los mismos que elevaron el nivel de pobreza en Venezuela al 75%, con un desempleo mayor al 20%, que privatizaron casi todos los servicios públicos con costos inaccesibles para la mayoría de la población, sin un mejoramiento de la calidad de los mismos. Ese es el cambio que tienen previsto pero, como engañadores de oficio, no lo dicen sino lo esconden.

Sus metodologías de gobierno están basadas en beneficiar permanentemente a los ricos y poderosos para que, cuando estén inmensamente ricos, gotear esa riqueza hacia las clases bajas. Ese “goteo” jamás llegará, mientras tanto el Estado sólo se debe preocupar por controlar el gasto público, vale decir, reducir el presupuesto en educación, salud, vivienda porque, según los muy sesudos mentirosos, es la única forma de controlar la inflación. Y con ese cuento ponen a pasar hambre, como lo hicieron en los 80s y 90s, a la gran mayoría de los venezolanos y venezolanas, reduciendo también una parte gruesa de la clase media venezolana, que casi desapareció por completo en esas dos décadas.

No se llamen a engaños, no en balde en estos últimos 15 años se redujo la pobreza general a niveles jamás vistos y la pobreza extrema a un mínimo histórico de 5%. Por eso nuestra inexistente conciencia histórica le vuelve a dar poder a quienes destrozaron este país.

Los pobres en Venezuela, que ya no son tan pobres como antaño, no son capaces de mirar estos riesgos y una gran cantidad de ellos apostó por un cambio que, de darse, beneficiaría nada más a 10% de la población, es decir, a los ricos y poderosos, quiénes en definitiva son lo que mandan en esa “pelea de gallos” que esta vez se llama MUD.

Dios no permita que esta gente mala y engañosa tomé el poder en el país. Seguramente ellos, como autores del desabastecimiento acabarán con las colas, pero nos quedaremos mirando con nostalgia los anaqueles y vitrinas llenos de productos y mercancías que no podremos comprar por sus altos precios, como pasó a finales del siglo pasado.

Reconocemos nuestras fallas y limitaciones para frenar el desabastecimiento y la consiguiente inflación, pero estamos obligados a despertar conciencia en el pueblo venezolano para que no caiga en manos de estos desalmados y desalmadas, cuyo compromiso con el imperialismo anuncia, sin lugar a dudas, el despojo de nuestra soberanía y riquezas. No valdrá para nada, en ese escenario, lamentarse tardíamente pues ya será tarde y habrá que esperar un nuevo Chávez que nos redima. Podrán pasar 100 años más.

0 Realice Su comentario Aquí: