Durante la jornada, no hubo intervenciones encendidas ni discursos que generaran controversia. Al contrario, su silencio llamó más la atención que cualquier palabra. Quienes seguían de cerca su comportamiento notaron un cambio evidente: de figura polémica y activa en los debates, pasó a una presencia discreta, casi invisible.
El contraste es fuerte. Polo Polo, que en su momento convirtió cada intervención en tendencia, ahora parece moverse con cautela en un Congreso donde el panorama político ya no le es tan favorable. Sin el respaldo de una reelección y con un escenario distinto, su rol queda en el aire.










